
LUIS ALBERTO
Las dos etapas mas felices de mi vida están cortadas sincrónicamente por dos hechos: el primero fue el instante en que, después de uno de mis intentos mas eficaces de suicidio, después de 17 horas de coma agudo, reaccioné y viéndome rodeado de las blancas paredes de un servicio hospitalario de urgencia, viéndome rodeado de sábanas blancas, de gente vestida de blanco, de algodones y trapos blancos, pegué un salto y grité: -YES, me tocó el cielo! Caí de la cama y me rompí la mandíbula, a partir de ese instante renuncié al udo de la barba, sigo en la tierra pero supongo que en el cielo no se debe usar. El segundo hecho me ocurrió un año después, y fue la simple anécdota de encontrarme con Luis Alberto Spinetta y escuchar su saludo: -¡Que haces loco! ¡Vos si que estas loco! Y yo que no me consideraba lo suficientemente loco como para seguir viviendo, que consideraba a los Almendra los tipos mas locos del universo y a L.A. el mas loco Almendra de la tierra me hinché de vanidad y engordé de alegría. Luis Alberto Spinetta, aunque no lo crean, nació. Hijo de padre y madre, no es como todos creen una pastilla de L.S.D hipertrofiada y alargada, sino que es un ser casi humano, hasta está empadronado como nacido, amanecido y humanizado el 23 de enero de 1960. La mamá en ése instante leía Radiolandia, él un extraño libro llamado “Asi hablaba Kamasutra”, y yo “Memorias de una prostituta amnésica”. Un amigo ciego no leía. Es flaco, un flaco aplastado por la “flaquez”. Alucinado, loco y heterogéneo tiene sin embargo algunos rasgos de normalidad: LE DISGUSTAN LOS UNIFORMES. LE DISGUSTA LA CASTIDAD. LE DISGUSTA LA INSINCERIDAD. LE DISGUSTAN LOS DOMINGOS. Por lo demas, como todo “loquito”, le gusta todo, absolutamente, y sin restricciones.
EDELMIRO MOLINARI
Ya tenes 23 años Edelmiro y como yo, atravesás por el mismo conflicto musical: cuando no tocás la guitarra, tocás el bajo. Yo tambien, con el agravante de que el bajo que me toca tocar a mi es uno de esos armatostes enormes y obsoletos de la época de Dixieland detrás del cual, a veces me pierdo. Tu amor por la naturaleza hace que comprendamos tu introversión, tus silencios, tus largas mudeces que nos hacen pensar a todos: -¿En qué estará pensando Edelmiro?. Yo se la contestación: Edelmiro –gracias a Zeus- no está pensando en nada. Tenés razón; la ciudad no existe, la inventamos todos, la inventamos el dia en que hicimos una fumata colectiva apoyando los codos en las ventanillas del obelisco. Odiás la guerra. ¿Quién no? ¿Qué hacés, qué hago, qué hacemos para que se termine?, tal vez la honda sea HACER LO MAS DE LO MENOS PERMITIDO. Vos consumís “toda la literatura que habla sobre guitarra” Yo consumo “toda la literatura que habla sobre estructuralismo” Cada cinco minutos decís: “Me muero, loco”. Luego te comentás:”es una manera de decir”. En Vietnam, cada cinco minutos un tipo dice me muero loco y antes de los dos minutos se muere loco. Pero vos te salvás Edelmiro, te salvás porque en vez de armas empuñás instrumentos y vas a morir como el Quijote, totalmente cuerdo y florecido como un almendro. C.M